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Productividad minera en Chile desciende 43% en una década

Productividad minera en Chile desciende 43% en una década
 

En apenas una década, un minero chileno promedio pasó de producir 61,6 toneladas anuales de cobre a apenas 34,9 toneladas. La bonanza en el precio del metal hizo que las empresas no hicieran esfuerzos por mejorar su eficiencia, pues se enfocaron en elevar el tonelaje a toda costa. Pero ahora que el boom se ha ido, las compañías están buscando caminos para mejorar este indicador.


Por Cristián Rivas

 

Una ronda por algunas de las exposiciones de la última Cesco Week fue suficiente para constatar lo que ya era un secreto a voces en la industria minera. “2015, sin lugar a dudas, será el año de la productividad”, repitieron desde el año pasado los principales ejecutivos de este sector productivo y también de la industria de proveedores asociada. Y ese fue justamente el tema que centró las preocupaciones en esta oportunidad y que proyectan será un gran tema a discutir también  en la Exponor 2015. 

Entre los datos duros que se divulgaron durante la semana, uno que quedó en la retina de muchos asistentes fue el de la abrupta caída de la productividad minera nacional en la última década. El CEO de Antofagasta Plc, Diego Hernández, fue el que más enfatizó en ello. De acuerdo a una serie de gráficos que exhibió en su presentación, este indicador cayó abruptamente en apenas 10 años. 

Mientras en 2004 la productividad medida en toneladas de cobre por trabajador alcanzaba a 61,6 toneladas anuales, en 2013 la cifra cayó abruptamente casi a la mitad, al ubicarse en 34,9 toneladas.


La explicación más sencilla es que el auge que vivió la minería durante casi una década -con peaks del precio del cobre incluso por sobre los US$ 4 la libra- hizo que las empresas dejaran de lado aspectos no prioritarios, como la productividad, y se concentraran en extraer la mayor cantidad de mineral posible para aprovechar la cresta de la ola. Como todo marchaba bien, a vista de muchos el boom de mejores precios se asoció como sinónimo a una mayor productividad. Pero eso no fue así finalmente.


Tras casi dos años de evidente letargo y una búsqueda exhaustiva de oportunidades para disminuir costos -el grueso de las empresas busca por estos días elevar sus márgenes como imperativo solicitado por los directorios-, la productividad ha vuelto a posicionarse como un tema relevante y una de las variables centrales para mejorar la competitividad de la industria nacional.


“Lamentablemente, Chile ha estado perdiendo competitividad con respecto a otros países mineros, como Perú, Indonesia o el mismo Estados Unidos, donde han estado bajando los costos por contar con energía más barata”, describe Marcelo Awad, director de varias empresas mineras y ex ejecutivo de Antofagasta Minerals. 


Agrega que en lo netamente relacionado a la productividad, si se ponen bajo un mismo filtro dos yacimientos similares, uno chileno y otro de uno de los países que menciona, “el trabajador chileno, desde el presidente ejecutivo hasta el último empleado tienen un ingreso superior respecto a la productividad que genera en forma individual cada uno de ellos”.

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Dos ciclos


Ya en agosto de 2013 entidades como el Consejo Minero y Cochilco comenzaron a hacer hincapié en la necesidad de mejorar la productividad y competitividad del sector, antes de que culminara el extenso superciclo en el precio del cobre y las empresas se vieran expuestas a tener que reducir dura y rápidamente sus costos. Tal como sucedió el año pasado y continúa ocurriendo en la actualidad. 


En un horizonte de tiempo mayor -considerando desde 1990 a la fecha-, Diego Hernández identifica claramente dos períodos en relación al crecimiento de la producción de cobre y la productividad. El primero, que se extiende hasta 2004, se caracteriza por un incremento considerable de la producción, a un ritmo de 9,2% por año, con un total de inversiones por US$ 41.000 millones -principalmente en proyectos como Escondida, Radomiro Tomic, Collahuasi y Los Pelambres- y una productividad laboral que se duplicó, al pasar de 31 toneladas de cobre por trabajador a 62 toneladas. Claro que esta mayor productividad está asociada principalmente al crecimiento de la inversión realizada -sostiene-, y no necesariamente a que las personas hubiesen trabajado más.


El segundo período que identifica se extiende entre 2004 y 2013, donde -como ya dijimos- la productividad se redujo nuevamente al rango de las 35 toneladas por trabajador al año, y en que el país entró, a la vez, en un estancamiento de la producción, como resultado de la baja en las leyes de los minerales de cobre y el envejecimiento de los yacimientos. 


Un dato adicional, en este período el país invirtió US$ 44.000 millones, pero prácticamente no aumentó el grueso de su producción nacional, que se mantuvo en torno a los 5 millones de toneladas, equivalentes a un tercio de la producción mundial de cobre.


De acuerdo a los estudios que Hernández citó, que fueron realizados por la consultora Encare, la baja en la ley promedio de cobre del mineral tratado en Chile fue considerable, al pasar de 1% a 0,7%. Hay que recordar que incluso hay yacimientos recientes, como Caserones, que operan a la mitad de esta última cifra. Esta caída en la ley, redunda en que para mantener la producción se tenga que remover un 49% más de material, por la mayor cantidad de lastre.


“Estos factores seguirán empeorando y, por lo tanto, implicarán disminuciones de productividad en el futuro”, asegura el gerente de Estudios de Sonami, Álvaro Merino. Por eso, dice que el desafío es compensar dicha pérdida con gestión. “Es por eso que hoy uno de los temas prioritarios en el quehacer de las compañías mineras es precisamente la optimización de los procesos productivos y de gestión, la capacitación permanente de sus trabajadores y la innovación continua en las actividades mineras, todo ello con el objeto de elevar los niveles de productividad”.


El recurso humano 


Analizando la dotación de trabajadores del sector minero, lo que se constata en la última década es un incremento en el número de empleados que no están directamente relacionados con la producción en plantas o yacimientos. 


Según Hernández, mientras en 2004 un 39% de la dotación estaba asociada a otras áreas -tales como el staff de ejecutivos y trabajadores de oficina, o quienes prestan servicios internos como transporte, alimentación y mantención de instalaciones, entre otras actividades-, en el 2013 esto corresponde a un 52%. 


Otro dato relevante es que en esta etapa también disminuyeron las horas trabajadas. En 1990 la dotación propia trabajaba 211 horas al mes, mientras que en 2013 este número sólo fue de 160 horas, lo que evidencia un decrecimiento cercano al 20%. 


En ese sentido, la consultora Partners in Performance International estima que alrededor del 55% del tiempo total de un trabajador directo es no productivo y puede ser en parte reducido o eliminado. En base a las observaciones en terreno realizadas en distintos yacimientos del país, esta consultora estima que apenas un 38% del tiempo total de un trabajador es utilizado en el trabajo físico y otro 7% en el trabajo intelectual que involucran sus tareas. Agrega que un 25% del tiempo es ocupado en tareas necesarias, pero optimizables, mientras que el 30% corresponde a tiempos muertos, donde se incluyen interferencias, atrasos, cambios de último minuto o coordinación deficiente con los supervisores, entre otros aspectos. 


“La solución a estos problemas es ir atacando sistemáticamente de raíz los distintos aspectos que generan los tiempos muertos. No hay que pedirle a la gente que trabaje más, sino que explicarle cómo tiene que trabajar”, destaca Ignacio Di Bártolo, director de Partners in Performance.


Lo otro que sucedió en el período es que frente a la disponibilidad de mayores recursos y la falta de personal calificado, los sueldos se incrementaron, incluso al nivel de países como Estados Unidos y Canadá, pero donde la productividad ciertamente es mayor. Para hacerse una idea, la combinación de baja productividad y aumento de remuneraciones hizo que el costo laboral del personal propio de las mineras pasara de 16,3 centavos por libra a 20,9 centavos en 2013, casi un 30%.


Énfasis en la gestión


¿Qué hacer para mejorar la productividad? Álvaro Merino lo tiene claro. Lo principal, sostiene, es acercarse a lo que han hecho países como Canadá y Estados Unidos, donde la productividad es significativamente mayor que en Chile. “Entre otros aspectos, la diferencia se explica  porque hay factores institucionales que afectan, como también aspectos culturales y de gestión”. 


Por ejemplo, subraya, hay estudios recientes en Chile que indican que el tiempo real utilizado en la construcción de proyectos mineros alcanza al 50%. Ello se explica, entre otros factores, por carencias de habilidades gerenciales, bajo nivel de planificación de procesos, salarios no asociados con productividad o restricciones en el uso de la polifuncionalidad, entre otros. 


“Si avanzamos con mayor fuerza en estas materias, como también en la mayor capacitación de los colaboradores de la minería y un uso más extensivo de la polifuncionalidad,  estaremos transitando en la senda correcta para incrementar sustancialmente los niveles de productividad”, destaca.


El ex ministro de Minería y actual vicerrector de Desarrollo Institucional de la Universidad Central, Santiago González, advierte que es necesario incluir en las mejoras a la gestión otros aspectos, que también influyen en la productividad, como todo el relacionamiento con las comunidades, tema que por estos días está complicando el desarrollo y la operación de algunos proyectos. “Las empresas tienen que ser capaces de resolver con prontitud y eficiencia sus problemas comunitarios, si no lo hacen, eso también afecta la productividad, porque los proyectos se atrasan y suben los costos, por tanto, un tema adicional en el que yo pondría ojo a futuro es el buen mantenimiento de una política comunitaria con el sector en torno a los proyectos mineros”, sostiene. 

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Más innovación


Sobre el trabajo pendiente hacia adelante, Diego Hernández enfatiza en la necesidad de que las mejoras en productividad sean abordadas a nivel país y no sólo como industria. Según él, los tres desafíos principales que se deben enfrentar están relacionados a fortalecer la mano de obra calificada, mejorar las prácticas de trabajo e incorporar innovación tecnológica de clase mundial. 


“Aunque las mineras están trabajando para controlar gastos, la declinación de la ley de los minerales continuará ejerciendo presión sobre los costos. A fin de recobrar impulso y establecer una base sólida para efectos del siguiente ciclo minero, las compañías necesitan acelerar sus programas de eficiencia e invertir significativamente en innovación”, añade Julian Dolby, director de consultoría del sector minero de Deloitte Australia, en el informe Tendencias 2015, divulgado hace unas semanas.


Así las cosas, la innovación parece ser la receta que solucionaría todos los problemas futuros. Al menos así lo ven actores relevantes del país, como el ex presidente Ricardo Lagos, que en su intervención en la Cena Cesco de este año pidió avanzar como país en la incorporación de tecnología e innovación para cuando no se cuente con recursos naturales como los mineros. 


Desde el gobierno, el subsecretario de Minería, Ignacio Moreno, cuenta que también están embarcados en impulsar mejoras en la productividad y competitividad del sector, en línea con estas sugerencias. Entre los aspectos que menciona, figuran por ejemplo un mayor apoyo a la innovación, a través de un programa con universidades y la Fundación Chile, que busca incentivar al interior de estos establecimientos un desarrollo más amplio de la innovación. Además, menciona el trabajo desplegado en formación de nuevos trabajadores, donde el lineamiento principal es la creación de cinco Centros de Formación Técnica (CFT) con vocación minera. “Nos parece fundamental trabajar en la formación de capital humano de alta especialización para el sector minero y que pueda tener un impacto importante en la productividad”, explica.


También destaca el desafío de incorporar más actores al Programa de Proveedores de Clase Mundial que llevan adelante desde hace un buen tiempo BHP Billiton y Codelco, y que a la fecha sólo ha certificado a unos 70 proveedores dentro de un universo de 2.300 que podrían participar. “Ese programa hay que ampliarlo y lograr que tenga una cobertura mayor de la que tiene hoy. En eso estamos trabajando en conjunto con Corfo y Fundación Chile”, sostiene.


El Consejo Minero, por su parte, trabaja con sus socios, la industria proveedora y Fundación Chile en la mejora de las capacidades de los centros de formación técnico-profesional a través del Consejo de Competencias Mineras.


Por último, en el sector privado hay dudas respecto al impacto que tendrá la reforma laboral en discusión en temas como la productividad de la industria minera. “La reforma laboral es una oportunidad propicia para tomar medidas tendientes a elevar la productividad, tales como mayor incorporación de mujeres y jóvenes altamente capacitados al mercado del trabajo, avanzar en materia de adaptabilidad libremente convenida entre empleador y trabajador, mejorar el sistema de capacitación con recursos del Estado, de modo tal que este proceso de aprendizaje se traduzca en más productividad. Lamentablemente, el proyecto no aborda estas materias con la fuerza que se requiere para seguir avanzando en la vía hacia el desarrollo”, concluye Merino.

 

 

Última actualización el Lunes, 01 Junio 2015 13:50

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Codelco evalúa opciones para el cierre de Fundición Ventanas

 
Canciller Muñoz por TPP y acuerdos con China: "Son complementarios para un país como Chile"
 

Según el ministro, el gigante asiático estaría interesado en hacer inversiones en Chile por un monto que superaría los US$ 28.000 millones. Muñoz destacó la visita del primer ministro chino, Li Keqiang, conforme alcanzaron "acuerdos concretos y no simplemente expresiones de buena voluntad". ver mas en www.tercera.cl 

Última actualización el Miércoles, 27 Mayo 2015 15:39

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Los problemas tras la falta de agua

Los problemas tras la falta de agua

 
Los problemas tras la falta de agua
 

El cambio climático ya está aquí. La sequía imperante en el norte y sur del país es una muestra que anticipa lo que vendrá en el futuro cercano. Por ello, los expertos hablan de la necesidad de trabajar en una adaptación temprana y políticas transversales para hacerle frente. Los cambios al Código de Aguas, actualmente en  discusión, son apenas un primer paso en el nuevo ordenamiento requerido.


Por Hernán Vargas y Cristián Rivas

Tan esencial es el agua para la vida humana, que sin beberla una persona no podría vivir más de cuatro días. Así de simple y preciso. Aunque en teoría existe agua suficiente para satisfacer las necesidades de todo el planeta, en la práctica el problema es que está distribuida de manera desigual. A nivel internacional, por ejemplo, Canadá tiene una disponibilidad de casi un millón de veces más que Kuwait; mientras que, en el plano interno, las cifras del norte de Chile distan mucho de la realidad en el sur del país.


Lo peor es que una buena parte de la comunidad científica mundial está alertando, desde hace ya un tiempo, que este escenario tenderá a acrecentarse con los años. Es decir, la escasez de agua será cada vez mayor en zonas que hoy ya son secas, producto del cambio climático. Estos cambios, sin duda, generarán no sólo riesgos para la vida humana, sino también para el desempeño económico de los países, pues industrias relevantes que hoy requieren del elemento para su producción -como la agricultura y la minería, por cierto- tenderán a ver cada vez más restringido su acceso al recurso.

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Los impactos en Chile

El subdirector e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia de la Universidad de Chile, René Garreaud, cuenta que  han realizado varias investigaciones sobre el impacto del cambio climático en el país. La primera la realizaron en 2007 a partir de modelos numéricos de la atmósfera, a los cuales se les agregan proyecciones de la presencia de dióxido de carbono (C02) a partir de distintos escenarios. 


Con estos datos en mano, cuenta que hay dos tendencias que se dejarán caer sobre el país en los próximos años. La primera es que gran parte del país se hará más cálido. “El calentamiento se va a reflejar, básicamente, en la parte no costera, sino interior, especialmente en altura y en la parte centro norte de Chile. La única parte que no va a tener una señal muy clara de calentamiento es la zona más austral y tal vez la franja muy pegadita a la costa”, advierte. Dice que las proyecciones internacionales que hablan de 2, 3 o hasta 4 grados más en temperaturas promedio son estimaciones para el final de siglo.
El segundo gran impacto es la disminución de precipitaciones. “Cuando uno piensa en cambio climático, lo primero que se le viene a la cabeza es el calentamiento global, pero ese calentamiento no ocurre igual en todas las regiones del mundo y, por lo tanto, se establecen lugares que estarán más cálidos, y otros más fríos, eso involucra a la vez un cambio en la presión superficial, y eso finalmente se traduce en cambios en la circulación atmosférica, lo que termina impactando en las precipitaciones”, describe. Aunque dependerá de las emisiones de carbono presentes en la atmósfera, las proyecciones apuntan a una disminución de entre 30% y 35% hacia fines de este siglo en la zona que va desde Atacama a Los Lagos. Mientras que en el altiplano, que recibe precipitaciones en verano, también se espera una disminución de entre 20% y 30%. ver mas www.quepasamineria.cl 

Última actualización el Miércoles, 27 Mayo 2015 15:25

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Consorcio tecnológico logra revolucionario sistema de cobre para cultivar peces

 

Beneficios de las jaulas de aleación de cobre

  • No acumulan fouling.
  • Reducen los costos de producción en más de 20%.
  • Las propiedades bactericidas del cobre y aleaciones crean un entorno más saludable dentro de la red, disminuyendo la dependencia del uso de antibióticos para controlar las enfermedades.
  • La investigación ha demostrado que los peces en recintos de aleación de cobre crecen más saludables y se genera menor mortalidad.
  • Las redes de aleaciones de cobre no se adhieren microorganismos durante los 18 meses de crecimiento del salmón, eliminando la necesidad de cambiar las redes.
  • La fuerza mecánica y la resistencia la hacen impenetrable para depredadores, como lobos marinos, previniendo la fuga de peces.
  • Son 100% reciclables al final de su vida útil.
  • Las mallas de aleación de cobre están fabricadas mediante cobre y zinc, dos metales esenciales para la vida.

 

  • Jaulas de cobre para crianza de peces mejoran productividad
 

Última actualización el Martes, 19 Mayo 2015 13:57

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Resultados 2014 en números

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Última actualización el Martes, 19 Mayo 2015 13:35

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